Los Rebeldes de la Creación

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La Raza de las Estrellas

Puntos, estrategias, batallas, todo inútil en un mundo sumergido en conflictos de los cuales no desean salir; un mundo en el que aún no fue substituido el Espíritu de lucha por el Espíritu de cooperación.

Nada de esto estaría ocurriendo si fuera al contrario, si el deseo de probar su propio punto no generara las estrategias verbales, que fatalmente desaguan en batallas estériles, donde nadie gana, donde todos somos perdedores y coautores en las líneas de esta historia, que no es más que una táctica para ganar tiempo y probar el punto de cada uno.

Un círculo que nunca se abre, que nunca se altera, pero que a veces se rompe y genera más caos que el que se intenta evitar.
Un punto y un círculo en su centro, el símbolo del Sol, un Sol que despliega sus cálidos rayos al infinito en un intento de abrirse una espiral Luz y viajar en ella, a las lejanías de los corazones que insanamente no quieren, no desean ver, la mutua y recíproca cooperación existente en el Universo.

Ella, la Sabia, la Anciana, espera ansiosa la llegada del nacimiento de la Nueva Era, una era donde prevalezca el Amor por Ella y por sus criaturas, por todas las especies que juegan y bailan la evolución junto a la Humanidad; una Humanidad que aún no ha despertado la compasión, la Sabiduría de la Pasión, la Pasión por la Sabiduría, por Ella, la Anciana de Mil Años, que está en trabajo de parto.

Ella parirá la nueva Raza de las Estrellas que ya está entre nosotros y que lucha silenciosa y mansamente por habitar entre nosotros, sin que tomemos conocimiento de su existencia.

Tan ciegos estamos en nuestras egocéntricas creencias, que no aceptamos la posibilidad de que ellos renacen todos los días, en cada conciencia que abandona el Espíritu de lucha, en cada corazón que se abre a la Fuerza Real de la Pasión por la Vida.

Somos la sexta raza, los Rebeldes de la Creación; somos los Piratas Vulcanianos, que poseemos los Misterios de los Misterios.
Somos rebeldes, porque somos contrarios al orden establecido, somos revolucionarios, porque hacemos la evolución nuevamente.
Somos piratas, porque somos nobles pero vivimos al margen de la sociedad Cainita, no tenemos cosas, ni casas, ni techos, ni ropas, ni pieles para abrigar nuestros cuerpos; somos seres halados que viven sobre las aguas, sin nunca poder detener su vuelo, pues sabemos que si lo hacemos, nos hundiríamos en las aguas del olvido, en las cuales la Humanidad habita como un pez.
Enseñamos a los hombres a construir embarcaciones, como un ejemplo de aprendizaje para que más tarde desarrollaran su propio poder de mantenerse sobre las aguas.

Pero al contrario de hacerlo, se sumergieron una y otra vez hasta que aprendieron a respirar el líquido del olvido y no caminaron sobre las aguas, como les fue instruido.

Por eso el Dragón, símbolo de nuestra raza, sumergirá sus garras en el agua y capturará todos los peces, hasta que no reste ninguno, hasta que todos se transformen en seres halados, que abrieron sus alas al infinito.

Somos mutantes, porque estamos en constante mutación, en permanente transformación, formamos la evolución, la hacemos nueva cuando el paso del Viejo Kronos se adueña de ella, atándola en una única dimensión, despojándola de seres alados y destruyendo las esperanzas en el renacimiento.

Nuestra raza de Sacerdotes, Maestros Espirituales, tiene por objetivo El Bautismo de los Seres en el Fuego del Nombre Sagrado, en nombre del Fuego del Espíritu Cósmico.


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