La Historia de la Bruja

La Bruja

En Algún Lugar del Pasado, 15 Siglos Atrás

Era una vez… una bruja que tenia dos aprendices de hechicera, y tres duendes:
Eleonora, la mayor
Rosalinda, la menor
Ruperto, el duende volador
Miosotis, la princesa de los duendes
Y finalmente, Poor, el duende pequeño.

La bruja tenia muchos defectos a ser corregidos, y pocas virtudes, pero no se molestaba con ello, pues creía en el proceso de evolución y sabia que un día no tendría defectos.

Estos eran: una nariz enorme, con la cual olía los problemas de lejos antes de que ocurrieran.
Orejas puntiagudas, que sabían oír las tristezas y las alegrías de cuantos la buscaban; ojos muy abiertos con los cuales penetraba las almas y las desvendaba.

Boca terrible y estropeada, con la que profería palabras amargas, aunque verdaderas; a veces se tenía la impresión de que hablaba griego, pues las personas no la entendían.

Pero ella creía en el sembrado, y por eso estaba segura de que un día sus palabras darían buenos frutos.
Dicen que contaba historias, con las cuales procuraba enseñar cosas sabias a quien las quisiera oír.
Se cuenta que le gustaban mucho las tempestades, pues vivía en medio de ellas, pero nunca se supo a lo cierto, si eso era verdad.

Tenía una mente abierta dirigida para el futuro, preparada para aceptar las ideas de los demás cuando verdaderas, pero eso fue considerado como volubilidad. El corazón de la bruja
Su debilidad fue su corazón, pues era demasiado grande para su cuerpo; pero pocos veían eso y lo sobrecargaban con sus tristezas y sus problemas, lo que fue haciendo con que se tornara mayor aún.

A ella le parecía que lo único que la salvaba, cuando todo iba mal, era ese corazón, que por ser tan grande, llegaba hasta el Cielo, y se llenaba de la Corriente Cósmica del Amor, transmutando así, sus problemas y los de los demás.

Muchas personas creían que era tonta en creer en ángeles y otros seres del plano invisible que la protegían, pero ella estaba segura de la existencia de fuerzas ocultas que trabajaban por el bienestar de todos, inclusive de esos que no creían en ella y en sus sueños y visiones.

Eleonora, Aprendiz de hechicera

Eleonora, su aprendiz de hechicera más antigua, era muy hermosa, tan linda que muchos corazones de ella se aproximaban; Eleonora, como todos, tenía muchos defectos y muchas virtudes, lo que le causaba grandes problemas y muchos disgustos.

En la época en que la encontramos, era muy joven e inexperiente, pero traía consigo mucho conocimiento adquirido en sus existencias anteriores.

Talvez, por su poca edad, era -debajo de un aura madura por el conocimiento anterior- muy infantil, y al igual que casi todos los jóvenes, tenia una pequeña dosis de egoísmo que la hacia sufrir bastante, pues aun no había experimentado la felicidad de olvidarse de si propio, en pro de un bien mayor para las personas que nos rodean, pues solamente así se recibe de vuelta, mil veces lo que damos.

Pasaban los días y los meses, y Eleonora no se armonizaba con Rosalinda y los duendes, lo que dejaba un profundo pesar en la bruja, que todo hacia para ver este gran sueño realizarse.

Eleonora era bastante solicitada y asediada por los duendes, que además de no ayudar en nada, creaban muchos problemas, pues todo para ellos era un gran juego.
Y así… en el reino de la bruja no había Paz.

Eleonora era muy avanzada para el tiempo en que vivía, y por eso -al igual que la bruja- necesitaba de armonía y tranquilidad; pero brujas modernas no pueden vivir aisladas, haciendo lo que les gusta.

El mundo es muy dinámico, y ellas habían elegido vivir en ese tiempo, pero Eleonora no tenia conciencia de eso y vivía de forma muy rebelde.
Por ese motivo expresaba su ansiedad y sus disabores en pequeños escritos que dejaba por ahí, pues no tenía privacidad alguna.

Lo malo es que frecuentemente, sus objetos mágicos eran objeto de la curiosidad de Rosalinda, que siendo totalmente irresponsable, se apoderaba de las cosas de su compañera hechicera, solamente por diversión, lo que dejaba Eleonora trastornada, creando muchos conflictos para la bruja, que de repente se veía atrapada en medio de un remolino de insultos y discusiones, sin saber como dar un fin en la situación.

Eleonora era la mayor preocupación de la bruja, pues habiendo aprendido gran parte de las lecciones enseñadas por ella, pensaba que era dueña del mundo -y era- pero no sabia como usar sus conocimientos para obtener lo que deseaba, pues su rebeldía la cegaba y cada vez se distanciaba mas y mas de sus objetivos.

La bruja intentaba mostrarle el camino mas fácil, intentaba hacerla entender y aprender a ser una roca en medio de las furias de la naturaleza humana; pero al contrario, Eleonora se dejaba arrastrar por los vientos de los impulsos violentos, generando mas violencia.

Nada de esto era culpa de ella, pues no sabia como cerrarse, como protegerse; pues aun no tenia conciencia de que haciendo todo por el otro, es la única forma de hacerlo por nosotros mismos.

Y la bruja se preocupaba mucho, pues muchas veces el Sol se levantaría y se escondería, hasta que Eleonora, de tanto sufrir, aprendiera una lección tan simple.

Rosalinda, la compañera hechicera

Rosalinda era muy fuerte y extremadamente atrayente, pero demasiado niña, llevando todo y a todos como si fueran juguetes; muy sensible y emotiva para consigo misma, siempre considerándose victima, infeliz y usada; muy celosas, dicen que le gustaba un juego de intercambio de intereses.

Para compensar, tenia un corazón razonablemente bien formado, que cuando ella dejaba que se expresara, la hacia lucir muy inteligente; pero no se enmendaba cuando hacia algo equivocado, lo que casi siempre era crear problemas con los duendes.
Aún así, conseguía -cuando quería- una buena armonía con ellos y hasta con Eleonora.

La bruja no se preocupaba mucho con su forma de actuar, pues había tenido noticias de un reino distante en el tiempo, que ella, en el futuro, seria muy valiosa para todos y traería muchas alegrías, siendo buena con todos y especialmente con la bruja.

Parece que ella era la guardiana de Ruperto, el duende volador; entre las noticias que le habían llegado, una decía que en un futuro muy distante, ella tendría un enorme peso en su destino.

El mago Ruperto

Eso si, seguidamente llevaba la bruja a pensar que Rosalinda debería desarrollar principios morales y espirituales muy rígidos y correctos, para poder ayudar el duende volador a encontrar su verdadero destino.

Ruérto, el duende volador

El duende Ruperto era muy mañoso, lo que irritaba profundamente a todos, y que lo hacia objeto de muchas burlas; pero de a poco estaba modificándose y llegaría a ser un gran mago.

Causaba algunos problemas y dejaba muchas cosas tiradas, era pequeño y perezoso, no queriendo hacer nada en absoluto; cuando conseguía algo por sus propias manos, quedaba muy satisfecho y orgulloso contando a todos sus hazañas.

Tenía un gran sueño: poseer una escoba enorme para llevar las personas que amaba bien cerca del Creador.
Dócil a veces, difícil casi siempre; solamente con mucho tacto y paciencia la bruja conseguía cosas de él.

Era extremamente conectado con Miosotis, la princesa de los duendes y en Poor, el duende menor.

Miosotis, la princesa de los duendes

Miosotis era muy traviesa, ayudaba mucho a la bruja cuando estaba dispuesta a ello, o cuando la bruja la obligaba.
Sus ojos eran tan pequeños que parecían dos chispas, y revelaban mucha picardía; era feliz en medio de las tormentas, perspicaz y coqueta; probablemente se tornaría una gran bruja.

Todos en el reino gustaban mucho de ella, por su educación que a veces afloraba no se sabe de donde, con mucho requinte.

Poor, el duende menor

Poor, el duende menor, era muy inquieto, poco sabia de la vida, tan poco que subía en todo sin ver que caería hasta caer; muy fuerte e imperioso, cuando quería algo no esperaba para obtenerlo, hacia el mundo de la bruja darse vuelta de cabeza para abajo con sus pedidos.

Fue el último que salió de la mano de la bruja.
Ella era moderna y ambiciosa; vivía en una buena casa, pasaba trabajo, pero no se contentaba con lo que tenia, quería mejora material, afectiva y espiritual; muchas veces veía gente en peor situación que la suya, pero ni siquiera eso le servia de consuelo.

Tenia necesidad urgente de armonía y Paz en su reino; había un equilibrio muy tenue, como un cristal, que dos por tres se despedazaba a causa de las bombas tiradas por un mago negro, de un reino distante, tan distante que se perdía en las nieblas de su pasado.

Necesitaba encontrar un material duro, que no se rompiera como el cristal, para construir un equilibrio duradero, y por eso pasaba horas y horas en su caverna, haciendo hechizos y experimentando pociones mágicas, en el intento de descubrir ese material.

Una bruja moderna

Sabía que tarde o temprano lo encontraría, era apenas una cuestión de tiempo, solamente esperaba que no demorara mucho, pues a veces desanimaba de tanto juntar pedazos de cristal, y herirse con ellos.

Pero aún así era feliz, muy feliz, mirando el largo y difícil camino que la había llevado a construir aquel reino, pues finalmente después de tantas luchas, después de tantas derrotas y victorias amargas, habría Paz, finalmente habría Paz.

Nunca se sintió sola, las hechiceras y los duendes colmaban totalmente sus necesidades afectivas; los amaba como si fueran sus hijos, y no como Hijos de la Vida, que eran.

Deseaba saber ser el arco que les serviría de impulso final hacia sus propios destinos.
A menudo se preguntaba si ellos entenderían el Amor que les tenia, y las decisiones que había tomado, o si un día la culparían por haberlos arrastrado con ella, en busca de lo que consideraba una vida mejor para todos.

Pero por mas que ese temor a veces la asaltaba, no tenia dudas de haber elegido el camino correcto, y haría todo para protegerlos de cualquier cosa que los ángeles le dijeran que seria malo para ellos, hasta el día que supieran cuidarse solos, lo que no
demoraría mucho.

En el tiempo de las brujas

El tiempo pasa deprisa, ella lo sabía, pues como dice un antiguo adagio:”veinte años no son nada” , y dieciséis ya habían pasado desde que ella dejara su Maestra, para sumergirse en una situación imprudente, por su propia voluntad.

¿Será que habría al final un ajuste de cuentas? Y todo quedaría resuelto ¿o quedaría para la próxima existencia?
En su infinita ignorancia, esperaba que todo quedara resuelto en esta misma.

¿Y si estuviera equivocada? Habría sido injusta y pagaría muy caro por su error.
Y el tiempo pasaba y ella se angustiaba en busca de armonía en su reino; estaba cansada de todo eso y deseaba más que nada que todo se decidiera de una forma o de otra, de una vez por todas y para siempre.


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Un comentario

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  1. Punto Baires
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