El Vuelo da las Águlias

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Aeropuertos

Una águila vuela, describiendo círculos que se abren en espirales fluidas, de cantos milenarios, al atravesar el éter, el soplo vital que la eleva hacia los más altos parajes.

Allí puede construir su nido y generar la Vida, generar su descendencia al abrigo de sus voraces enemigos, aquellos que no entienden su vuelo y por eso desean impedir la propagación de su existencia.

Los predadores son ciegos, no pueden ver las espirales del viento; son sordos, no pueden oír el canto de la Vida, que dulcemente mece en sus brazos las sagradas criaturas haladas, que llevan en su sangre los ecos y las centellas, de las Explosiones Estelares del Amor, que dieron origen a la Creación.

Ese Amor que se hizo vuelo infinito, esparciendo las simientes de las estrellas en una cadencia cósmica, solo puede ser oído por aquellos, que abrieron sus alas para encontrar su verdadero destino.

Las águilas son solitarias, pero no están solas, el Amor, Mi Amor las acompaña, las sostiene y las eleva en una danza de círculos y espirales, entrelazando el Cielo y la Tierra.

Estos seres, tienen la visión de un vasto mundo, que se abre y se torna mayor, a cada batir de alas, a cada espiral que describen.

Y la inmensidad del Universo se descortina ante ellas, como una invitación a conocer, a Ser, para que con su ejemplo de valor y coraje, otros despeguen su andar, y dejen de ser predadores, rastreadores, tornándose alas que van en dirección al infinito.

Pero así como acompaño las águilas en sus hermosos ejemplos, en sus valerosas demostraciones de Vida, del mismo modo estoy al lado, caminando junto a los que aún no iniciaron su vuelo.

Estoy en la música que escuchan, que también describe espirales de eterno renacimiento, a ritmos más lentos o más rápidos, sembrando delante de ellos un camino pleno de Mis notas musicales, de Mis mensajes de Amor, que disemino a su alrededor, para que no importando la dirección que decidan seguir, siempre encuentren una de Mis huellas, de forma que a partir de una de ellas, despeguen su vuelo, elevándose a la inmensidad del Universo, que puedan comprender y abarcar.

Estoy en los amigos, en tus amigos, en la mano que cada uno te extiende; Estoy en cada ser que pasa por ti y te regala una mirada cómplice; Estoy en las canas blancas de los que ya caminaron mucho y que pueden enseñarte a volar, contándote antiguas historias de viejos y queridos amores, o narrándote terribles pesadillas, que aún asombran su andar.

Estoy en cada imagen que va y viene hacia ti, poblando tu vida de pistas de vuelo, para que tu existencia sea un gran aeropuerto, desde donde muchos pueden ir y venir, partir y volver a llegar, con la certeza de ser bien recibidos y bien atendidos.

Porque todos quieren volar, aunque muchos no pueden hacerlo, pues existen muy pocos “aeropuertos” abiertos.

La mayoría están cerrados por el mal tiempo del mal humor, o por la tormenta financiera, o por la lluvia ácida de recuerdos no-vividos, o por la tempestad creada por el viento del olvido, o por el huracán de la indiferencia, que barre a todos para lejos de los “aeropuertos”.

Si eres un aeropuerto cerrado, enciende tu Sol, juega de ser día, de ser aurora, sopla tu Amor, y las nubes del mal tiempo se disiparán y podrás abrirte nuevamente; no tengas miedo de la multitud que llegará a tus puertas, pues Yo seré tu “portero”, y como puedo estar en muchos lugares al mismo tiempo, si me permites, Seré tu controlador de vuelo, te enseñaré a dirigir tu torre de control, de forma que todas las pistas funcionen a la perfección.

Si te permites abrirte, verás los horarios de llegada y de partida de cada persona, que se acerca para despegar su vuelo, o para posar en ti, descansar y seguir su camino.

También encontrarás los que llegarán y no querrán irse, preferirán permanecer a tu lado, para ayudarte en tu labor de impulsar la Vida; harán pequeños vuelos y volverán a estar contigo, a compartir contigo la incomparable vivencia de Ser un “aeropuerto abierto”.

Pero no pienses que todos los pasajeros serán amables; a veces llegarán los atrasados, apurados por ver, conocer, aprender e irse.

Otros estarán viajando en una compañía que no es de su preferencia; estos son difíciles de contentar, porque frecuentemente traen el mal tiempo del mal humor, para dentro del aeropuerto.

Con ellos, solo tienes que tener paciencia, una amplia sonrisa; darles una palmadita en el hombro, con una mirada cómplice, que les hará sentir que entiendes, que comprendes, que todo se solucionará, y ellos encontrarán fuerzas para hacerlo.

Otros vendrán preocupados, con las valijas, con exceso de equipaje, talvez lleven con ellos la promesa de un nuevo ser, al que tendrán que cuidar y enseñar a volar, tal vez cargan con el peso de una desilusión, o un amor despedazado; muchos traen en sus valijas pedazos de su corazón, para recomponer, como si fuera un rompecabezas.

Todos los pasajeros traen equipaje, unos en demasía, otros poca cosa; lo que debes hacer, es orientarlos sobre la mejor forma de ordenarlo, para que su peso no sea un obstáculo a su vuelo, para que no canse sus alas, y los haga bajar antes de llegar a su destino.

No es difícil dirigir un aeropuerto; es un negocio casi como cualquier otro; casi, porque es mucho mejor, es más rentable que empresa alguna que hayas tenido la oportunidad de ver.

Por que este negocio, no para de crecer después que lo inauguras, los “clientes” siempre aumentan, ni siquiera tienes que hacer propaganda, pues el vuelo, es un “producto” que se vende solo, es algo que todos desean, es uno de los servicios más preciados y más cotizados del Universo.

Es Mi negocio particular, del cual abro franquicias gratuitas a todo instante, siempre que alguien abre sus puertas para recibir a los pasajeros, a los que están de pasaje, a los que quieren aprender a ser águilas, y viajar por los inconmensurables dominios del Ser.

Es un negocio que nunca entra en crisis, a veces surge alguna de fe, pero siempre algún águila que anda merodeando por allí, en busca de otras que quieran acompañarlo, agita sus alas, y la onda suave que produce disipa la crisis, y el servicio continúa mejor que antes.

La calidad del servicio es muy importante, el director debe proporcionar a sus clientes la mejor atención, teniendo siempre horarios disponibles, pistas prontas, y a veces es necesario llamar la atención de los distraídos, por el alta voz, pues casi olvidan el motivo por el cual están allí.

Un aeropuerto bien organizado, jamás dejará un pasajero sin ayuda, pues si no puede o no tiene como hacerlo, siempre puede subir a la torre de control y convocar a las águilas, para que detengan su vuelo y sirvan de guías a los que no encuentran el camino hacia las pistas.

Todo es muy simple, y la recompensa es enorme, pues estos pasajeros, siempre llevan muchas cosas con las que retribuir la labor de los aeropuertos.

Cuando se van, dejan enormes ramos perfumados con las flores de la amistad (un bien precioso y difícil de encontrar).

Dejan senderos plenos de las hierbas más verdes de la esperanza ( la cual puedes usar cuando llegan los pasajeros difíciles).

Dejan semillas de amor verdadero, (que sembrarás en los corazones de otros, que llegan con su equipaje vacío) semillas que puedes intercambiar con algunos pasajeros, que a veces ni las conocen bien, solamente han oído hablar de ellas, pero nunca han tenido ninguna en sus manos.

Estoy seguro de que te estás riendo de todo esto, y eso ya es una recompensa, pues ya estás ganando y tal vez ni siquiera pensaste en abrirte como aeropuerto; ¿lo ves? Ni abriste tu negocio y ya te llegó la primera Gracia.

¿ Que te parece si aceptas mi oferta y te tornas una franquía de Mi rentable negocio?

Te puedo garantizar el éxito, que llegará a ti de muchas formas, inclusive de forma material, pues quien tiene un aeropuerto abierto, jamás se queda sin lo que desea, porque siempre habrá un pasajero o un águila, que le alcanzará lo que le falta o le solucionará su necesidad.

¿No lo crees? Pues busca un aeropuerto y pregunta, en el sector de información hay un director disponible las veinticuatro horas; si no quieres preguntar, solo acércate, y comprobarás el tránsito permanente, que jamás se detiene.

También puedes admirar la exetención de las pistas que se pierden en el horizonte, y pasar horas y horas observando las salidas y llegadas, de los que se tornaron águila y los que vienen de otros aeropuertos, con la intención de ayudar a los que ya están retrasados y no levantan vuelo.


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Un comentario

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  1. Roberto Pereira
    Roberto Pereira en | | Contestar

    Gracias… me acabas de resolver mi gran duda sobre los seres humanos… eres genial, gracias por compartir tus conocimientos.

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